Название: El león y el unicornio y otros ensayos
Автор: Джордж Оруэлл
Издательство: Bookwire
Жанр: Языкознание
isbn: 9788418428982
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Como es natural, el sesgo político de Gem y de Magnet es conservador, aunque totalmente al estilo anterior a 1914, sin tintes fascistas. En realidad, las suposiciones políticas de fondo son dos: nunca cambia nada; los extranjeros son graciosos. En los números de Gem de 1939, los franceses siguen siendo “sapos” y los italianos “dagos”. Mossoo, el profesor de francés en Greyfriars, es el gabacho típico de tira cómica, con barba puntiaguda, pantalones don dobladillo, etc. Inky, el chico de la India, aun cuando sea un rajá, y por tanto posea atractivo esnob, es asimismo el babú cómico de la tradición de Punch. (“Las ganas de pendencia no son el remate adecuado, mi estimado Bob –dijo Inky–. Que se deleiten los perros con sus ladridos y sus mordiscos. La respuesta blanda es la jarra rajada que más lejos llega al ave en el matorral, como quiere el proverbio inglés.”) Fisher T. Fish es el viejo yanqui arquetípico (con marcado acento y modismos estadounidenses) que data de un periodo de intensos celos mutuos entre Inglaterra y los Estados Unidos. Wun Lung, el chino (últimamente apenas aparece, sin duda porque algunos de los lectores de Magnet son de las colonias de China), es el chino clásico de pantomima decimonónica, con sombrero de plato, coleta y un inglés inefable. En todo momento, la suposición es no sólo que los extranjeros son cómicos y que aparecen donde aparecen para que nos riamos de ellos, sino que además se les puede clasificar igual que a los insectos. Por ese motivo, en todos los semanarios juveniles, y no sólo en Gem y Magnet, un chino es retratado invariablemente con coleta. Es el rasgo por el cual se le reconoce, como la barba del francés o el organillo del italiano. En publicaciones de este tipo ocasionalmente sucede que, cuando un relato se ambienta en el extranjero, se hace algún intento por describir a los nativos como seres humanos, pero por norma general se da por supuesto que los extranjeros, sean de la raza que sean, son todos iguales y se conforman con más o menos exactitud a los siguientes patrones:
Francés: irascible. Gasta barba, gesticula mucho.
Español, mexicano, etc.: siniestro, traicionero.
Árabe, afgano, etc.: siniestro, traicionero.
Chino: siniestro, traicionero. Lleva coleta.
Italiano: irascible. Toca el organillo o lleva una daga.
Sueco, danés, etc.: amable, estúpido.
Negro: cómico, muy fiel.
La clase obrera sólo tiene entrada en estas publicaciones en calidad de cómicos o semivillanos (corredores de apuestas, etcétera). En cuanto a las fricciones de clase, el sindicalismo, las huelgas, las crisis económicas, el fascismo y la guerra civil, ni siquiera una mención. En algún momento, a lo largo de los treinta años de ambos semanarios, tal vez sea posible hallar la palabra “socialismo”, pero sólo después de mucho buscarla. Si se hace alguna referencia a la Revolución Rusa, será de manera indirecta, mediante la palabra “bolshy” para designar a una persona de costumbres violentas y desagradables). Hitler y los nazis empiezan a asomar en la clase de referencias que cité antes. La crisis del estallido bélico en septiembre de 1938 causó la impresión suficiente para que se publicase un relato en el que el señor Vernon-Smith, el millonario que es padre del personaje, se beneficia del pánico generalizado comprando casas de campo para venderlas como “refugios de crisis”. Pero eso es probablemente la máxima constancia que dejarán Gem y Magnet sobre la situación europea, al menos mientras no empiece la guerra.15 Eso no significa que ambas publicaciones sean antipatrióticas. Antes bien, muy al contrario. A lo largo de la Gran Guerra, Gem y Magnet fueron quizá las publicaciones más insistente y animadamente patriotas de Inglaterra. Prácticamente todas las semanas, los chicos cazaban al espía o alistaban en el ejército a un objetor de conciencia, y durante el periodo del razonamiento aparecía el rótulo “comed menos pan” impreso en todas las páginas con un cuerpo de letra generoso. Sin embargo, su patriotismo no tiene nada que ver con la política del poder ni con la guerra ideológica. Es algo emparentado más bien con la lealtad familiar, y de hecho proporciona una clave muy valiosa en torno a la actitud de la gente corriente, sobre todo el bloque inmenso y apenas tocado que forma la clase media y las capas superiores de la clase obrera. Se trata de patriotas hasta la médula, aunque no entiendan que lo que sucede en otros países sea de su incumbencia. Cuando Inglaterra está en peligro, acuden a defenderla como si tal cosa; mientras tanto, no les interesa. A fin de cuentas, Inglaterra siempre lleva la razón e Inglaterra siempre triunfa, de modo que ¿para qué preocuparse? Ésta es una actitud que se ha resquebrajado un tanto durante los últimos veinte años, aunque no hasta el extremo que a veces se da por supuesto. No entenderlo tal como es constituye una de las razones por las cuales los partidos de izquierda rara vez son capaces de forjar una política exterior aceptable.
El mundo mental que prima en Gem y en Magnet viene a ser por tanto como sigue:
El año es 1910, o 1940, pero eso es lo de menos. Nos encontramos en Greyfriars. Uno es un mozalbete de catorce años, de mejillas coloradas, con ropa de buen corte hecha por un sastre de los mejores. Está sentado en su estudio, en un ala del colegio, tras un apasionante partido de fútbol que se ganó por un solo gol logrado en el último minuto. Arde un fuego acogedor en la chimenea, fuera sopla el viento. La hiedra recubre con gran espesor las antiguas piedras grises. El rey sigue en su trono y una libra vale una libra. Por toda Europa, los cómicos extranjeros gesticulan y balbucean, aunque los adustos barcos de guerra de la flota británica guardan el canal de la Mancha, y en las avanzadillas del Imperio los ingleses con monóculo mantienen a raya a los negracos. Lord Mauleverer acaba de recibir otras cinco libras, y todos nos disponemos a merendar opíparamente, a base de salchichas, sardinas, panecillos, carne enlatada, mermelada y rosquillas. Después de la merienda seguiremos sentados en el estudio, riéndonos a gusto con Billy Bunter y comentando el equipo que formaremos en el partido de la semana que viene contra Rookwood. Todo está en orden, un orden sólido e incuestionable. Todo seguirá igual por siempre. Ése viene a ser, más o menos, el ambiente.
Dejemos ahora Gem y Magnet y pasemos a otros semanarios que han aparecido después de la Gran Guerra. Lo verdaderamente significativo es que tienen más similitudes que diferencias con Gem y Magnet. Pero mejor será considerar primero las diferencias.
Hay ocho publicaciones de este tipo, a saber: Modern Boy, Triumph, Champion, Wizard, Rover, Skipper, Hotspur y Adventure. Todas ellas han nacido después de la Gran Guerra, pero con la sola excepción de Modern Boy ninguna tiene más de cinco años de antigüedad. Dos semanarios que habría que reseñar aquí, aunque no pertenezcan estrictamente a la misma clase que los demás, son Detective Weekly y Thriller, ambos propiedad los dos de Amalgamated Press. Detective Weekly se ha hecho con el personaje de Sexton Blake. Ambas publicaciones dan cuenta de un cierto interés en cuestiones sexuales, y aunque no cabe duda de que las leen los muchachos, no están destinadas a ellos exclusivamente. Todas las demás son semanarios juveniles, tal cual, y son tan semejantes que se pueden considerar en bloque. No parece que haya diferencias notables entre las publicaciones de Thomson y las de Amalgamated Press.
Basta con echar un vistazo para captar la superioridad técnica que tienen estas publicaciones con respecto a Gem y Magnet. De entrada, cuentan con la ventaja de que no están escritas solamente por una persona. En vez de un relato largo y completo, un número de Wizard o de Hotspur consta de СКАЧАТЬ