Nuestro grupo podría ser tu vida. Michael Azerrad
Чтение книги онлайн.

Читать онлайн книгу Nuestro grupo podría ser tu vida - Michael Azerrad страница 11

СКАЧАТЬ S.O.A. y empezó a compartir el swing con el resto del grupo. Al cabo de pocos meses de unirse al grupo, ya había empezado a redefinir el sonido no solo de Black Flag, sino del propio hardcore.

      Editado en enero de 1982, Damaged es un documento clave del hardcore, quizá el documento clave del hardcore. Supuraba rabia en diferentes frentes: acoso policial, materialismo, abuso de alcohol, los efectos atrofiantes de la cultura del consumo y, en prácticamente todas las canciones del álbum, una tensión especialmente virulenta en la que se fundían un punk rock furibundo y la alienación del metal oscuro de los años 70 de Black Sabbath.

      Las canciones tomaban sensaciones e impulsos fugaces e intensos y los convertían en una explosión de realidades de hondo calado. De modo que cuando Ginn escribió un estribillo como «Depression’s got a hold of me / Depression’s gonna kill me6», sonó como si el mundo fuera a terminarse. «Eso era Black Flag: cuando perdías la chaveta», dijo Rollins. La música era del mismo estilo: asaltos relámpago tan completamente apabullantes, tan incontenibles e intensos que, mientras dura la canción, cuesta imaginarse escuchando cualquier otra cosa.

      La mezcla de agresión y bravuconería característica del hardcore cristalizó perfectamente en el estribillo de la primera canción, «Rise Above», uno de los himnos hardcore más definitivos que jamás se haya escrito. «We are tired of your abuse! / Try to stop us, it’s no use!7», dice el provocador estribillo. Pero la mayoría de canciones son confesiones de enajenaciones suicidas, retratos en primera persona de personajes confusos y desesperados a punto de reventar: «I want to live! I wish I was dead!8», dice Rollins en «What I See». El humor ocasional hacía que la angustia sonara más creíble y más brutal, tal y como se aprecia en la sarcástica «TV Party». «We’ve got nothing better to do / Than watch TV and have a couple of brews9», reza un estribillo masculino deliciosamente desafinado sobre un fondo musical simplón, casi de surf.

      Musicalmente, «Damaged I», que dura seis minutos, es una anomalía: ruidosa pero no especialmente rápida, se basa en un riff de guitarra que avanza penosamente mientras Rollins improvisa un psicodrama en el que se le insulta y mangonea, antes de retraerse dentro de un caparazón mental protector. Los últimos sonidos de la canción —y del disco— son de Rollins aullando: «No one comes in! STAY OUT!10». Cuesta no considerarlo como puramente autobiográfico.

      Actualmente, Damaged se entiende fácilmente como un disco hardcore, pero en ese momento había pocos precedentes musicales de una violencia tan cruel. Sin embargo, la explicación de Ginn, fiel a su costumbre, fue flemática. «La gente trabaja todo el día y necesita una válvula de escape», explicó a L.A. Times. «Quiere encontrar una forma de lidiar con todas las frustraciones acumuladas. Intentamos proporcionársela con nuestra música.»

      El disco —y Rollins en concreto— mostraban una introspección despiadada y una autodisciplina militar estricta. Quizá porque intentaba extraer algún sentido a sus traumas infantiles, Rollins se sumió completamente en la búsqueda de dolor psicológico de Ginn. Rollins abrigaba grandes cantidades de rabia y rencor, y la música violenta de Black Flag desató su agresividad reprimida en un torrente embravecido.

      Ginn y Dukowski habían encontrado por fin a su hombre.

      —Lo que yo hacía se ajustaba muy bien a la atmósfera de la música —explica Rollins—. La música era intensa y, bueno, yo era tan intenso como fuera necesario.

      Con sus tatuajes, la cabeza rapada, la mandíbula cuadrada y su vozarrón bronco y marcial, Rollins se convirtió en un emblema del hardcore —a diferencia de Dukowski y Ginn, que eran mayores, Rollins parecía un HBero. Y como les había ocurrido a tantos punks, el abandono paternal y social le habían dejado completamente cabreado y enajenado. Cuando el grupo enchufaba los instrumentos y empezaba a afinar, Rollins recorría el escenario como un animal enjaulado, llevando solo unos pantaloncitos de deporte negros, con los dientes resplandecientes y rechinando. Para calentarse antes de un concierto, apretaba una preciada bola de billar con el número trece que se había llevado de un club de San Antonio. Entonces, el grupo empezaba a tocar frenéticamente y toda la sala se convertía en un torbellino caótico de carne humana, que chocaba aleatoriamente ignorando el ritmo de la música. La copiosa capa de sudor de Rollins caía sobre las primeras filas en una ducha constante mientras sus aullidos angustiados perforaban el ataque eléctrico de Ginn como un soplete a una valla de acero.

      Robo tocaba como si rechazara ataques de su batería. Dukowski destripaba sonidos con su bajo con extremo ensañamiento, doblando el cuerpo y haciendo muecas por el esfuerzo, sacudiendo la cabeza y gritando al público, lejos de cualquier micrófono, mientras sus dedos aporreaban las cuerdas como si fueran pistones. Ginn tocaba con las piernas muy abiertas, embistiendo de vez en cuando como un espadachín, sacudiendo la cabeza de lado a lado como si no se creyera su propio éxtasis mientras su guitarra ladraba como un perro callejero, totalmente liberada de cualquier cosa que la hiciera sonar melódica.

      Cuando en otoño de 1982 hicieron de teloneros de los Ramones en el Hollywood Palladium, Black Flag tuvo problemas de sonido, pero tal y como escribió un crítico: «a pesar de todo, Rollins sacó adelante el concierto con su carácter profundamente amenazador. Semejante exhibición, espantosa e intimidante, de agresividad y frustración rockera difícilmente se puede considerar hermosa. Pero como en un accidente de coche a toda velocidad, no podías apartar los ojos, ni los oídos, de ellos». Otro escritor apuntó que Rollins era «una mezcla de Jim Morrison y Ted Nugent. No es extraño que los chicos se lo quieran comer». Un contingente de la policía de Los Ángeles más grande de lo habitual custodió el local, bloqueando algunas calles cercanas, mientras algunos helicópteros sobrevolaban la zona. El concierto transcurrió sin incidentes.

      Los medios, desde los más pequeños fanzines locales hasta Los Angeles Times, hicieron su agosto con la notoriedad del grupo. Una revista de skate afirmó que el grupo había «generado explosivos disturbios en numerosos conciertos», lo cual era una exageración, aunque un concierto en el Polish Hall de Hollywood acabó en un lanzamiento masivo de botellas y sillas que costó cuatro mil dólares en daños materiales, además de una detención y dos polis heridos.

      Gerard Cosloy, entrevistador de Boston Rock, preguntó por qué no intentaban detener la violencia en sus conciertos. Dukowski respondió con un resumen sucinto del principio anárquico del punk. «¿Tenemos derecho a comportarnos como líderes, a decirle a la gente lo que debe hacer?», replicó Dukowski. «La solución fácil no es ninguna solución, es el puto problema. Es demasiado fácil tener a alguien que te diga qué debes hacer. Es más difícil tomar tus propias decisiones. Tenemos cierta confianza en la gente que nos viene a ver.»

      «Con entrevistas como esta», añadió Ginn, «quizá consigamos transmitir a la gente qué defendemos, que estamos en contra de que peguen a la gente, que estamos en contra de menospreciar a alguien simplemente porque lleva el pelo más largo. Hemos hecho nuestra declaración de principios, pero no impediremos que la gente escuche otras cosas, que vista de forma diferente, o que haga lo que quiera. No somos policías.»

      A pesar de todo, alguien que se pareciera remotamente a un hippie tenía muchas posibilidades de llevarse una paliza en un concierto de Black Flag. Quizá ese fuera uno de los motivos por los que Ginn empezó a dejarse crecer el pelo tras Damaged, con Rollins y el resto del grupo copiándole poco después; era una manera más de ridiculizar a su público cada vez más conformista. «Siempre intentamos hacer una declaración de principios en el sentido de que no importa cómo vayas», explicó Ginn. «Sino cómo sientes y cómo piensas.»

      Damaged tuvo un impacto bastante grande en Europa e Inglaterra, sobre todo en la prensa, que quedó fascinada al descubrir que realmente había una escena punk rock radical desarrollándose en las comunidades playeras del sur de California, a las que hasta entonces habían considerado como una idílica tierra prometida; el último lugar, aparentemente, СКАЧАТЬ