América ocupada. Rodolfo F. Acuña
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Название: América ocupada

Автор: Rodolfo F. Acuña

Издательство: Bookwire

Жанр: Языкознание

Серия: BIBLIOTECA JAVIER COY D'ESTUDIS NORD-AMERICANS

isbn: 9788491349655

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СКАЧАТЬ Acuña Northridge, California, julio, 2021

      Introducción

      La historia puede oprimir o liberar a un pueblo. Durante más de ciento veinticuatro años han circulado en Estados Unidos generalizaciones y estereotipos acerca de los mexicanos. Adjetivos como traicionero, holgazán, adúltero, y términos como meskin, o greaser han llegado a ser sinónimos de “mexicano” en las mentes de muchos angloamericanos. Es muy poco lo que se ha hecho para descubrir las falsas premisas en las que se apoyan tales estigmas culturales y raciales. Los análisis incompletos o tendenciosos de los historiadores han perpetuado errores y formulado este tipo de mitos. El público angloamericano ha creído y favorecido el retrato del mexicano hecho por historiadores y comentaristas sociales, pintándolo como el “enemigo”. La tragedia es que los mitos han degradado a los mexicanos, no solo a los ojos de quienes se sienten superiores, sino también ante sus propios ojos.1

      Muchos de estos mitos tienen su origen en el siglo XIX, cuando los angloamericanos empezaron a infiltrarse en el territorio mexicano de Texas. Fueron alimentados por los informes que estos angloamericanos daban de sus vecinos mexicanos, por el choque entre anglos y mexicanos en la revuelta de Texas de 1836, y la guerra mexicano-estadounidense que estalló en 1846. Los historiadores angloamericanos glorificaban y justificaban los actos de los hombres “heroicos” que “conquistaron el Oeste”, a expensas de los mexicanos, que luchaban por conservar su patria. El mexicano pasó a ser el intruso, y su posición subordinada en Estados Unidos después de 1848 se explicaba como el inevitable resultado del choque entre los dinámicos e industriosos angloamericanos y los mexicanos apáticos y culturalmente inferiores. Estos son mitos que deben ser recusados, no solo en bien de la justicia histórica, sino por otra razón aún más importante. Los mexicanos –los chicanos– que viven actualmente en Estados Unidos son un pueblo oprimido. Son ciudadanos, pero su ciudadanía es, en el mejor de los casos, de segunda clase. Son explotados y manipulados por quienes poseen más poder que ellos.2 Y, lamentablemente, muchos creen que el único camino para salir adelante en Angloamérica es “americanizarse” ellos mismos. El conocimiento de su historia, de sus contribuciones y luchas, la conciencia de que no fueron el “enemigo traicionero” que las historias angloamericanas pintan, puede devolver el orgullo y la propia estimación a un pueblo oprimido durante tanto tiempo. En pocas palabras, el conocimiento puede ayudarlos a liberarse.

      En el espacio de este volumen sería imposible refutar los supuestos y las inexactitudes históricos suscitados en ciento veinticuatro años de historia del suroeste. Este texto, por lo tanto, no pretende ser una historia definitiva de los chicanos y su lucha de liberación. Por el contrario, –sirviéndome, tanto de registros públicos como de fuentes secundarias– intento sostener la tesis de que los chicanos son un pueblo colonizado en Estados Unidos. Confío en que el resultado sea una clara alternativa a las explicaciones tradicionales ofrecidas por los historiadores. Aún más, espero que la historia de la América ocupada enfocada al tema del angloimperialismo, impulse a los historiadores del sur global a emprender la monumental tarea de investigación básica que todavía debe realizarse en relación con el suroeste norteamericano y los chicanos. Luego, y quizá con mayor eficacia que yo, ellos podrán impugnar las conclusiones de otros historiadores.

      Antes de analizar mi tesis sobre la colonización de los chicanos, quisiera aclarar varios puntos. Primero, el título de esta monografía puede parecer equivocado o falso. Muchos lectores alegarán que un título como México ocupado hubiera sido más correcto puesto que la monografía trata de la ocupación de un territorio que anteriormente perteneció a México. A pesar de que este argumento es válido, siento que América ocupada es más preciso porque “América” es la identificación que los europeos dan a dos continentes. Cuando más tarde el nombre fue adoptado por trece colonias, la designación “América” fue considerada como exclusiva propiedad de la nueva nación, y los ciudadanos de Estados Unidos se consideraron los “americanos”. Los chicanos, sin embargo, al igual que otros grupos, refutaron esta exclusividad y mantuvieron correctamente que todos los habitantes –tanto del continente septentrional, como del austral– son americanos y que indudablemente todo el hemisferio es América. Así, yo sostengo que el control angloamericano del territorio noroccidental de México es una ocupación parcial del hemisferio americano.

      Aunque algunos lectores puedan considerarlo un asunto trivial, me veo impulsado a distinguir entre los americanos anglosajones y otros americanos en Estados Unidos. Por ello, he utilizado el término angloamericano, o simplemente anglo (derivado de anglosajón), para señalar esa distinción. De igual manera, me refiero a los pobladores estadounidenses de Texas como anglo-texanos, en contraste con la población nativa de Texas, que era india y mexicana. Segundo, algunos ciudadanos estadounidenses de extracción mexicana podrían objetar la identificación de “chicano” en el título, porque muchos de ellos se llaman a sí mismos simplemente mexicanos o mexicanas. Por otra parte, algunos –una minoría– se refieren a sí mismos como hispanoamericanos o latinoamericanos. Recientemente, el término mexicano-americano se ha hecho popular, siguiendo la tradición de formar palabras compuestas de otros grupos étnicos. Los angloamericanos promovieron el uso de esta denominación, y durante un tiempo pareció que sería universalmente aceptada. Pero durante los cuatro últimos años, los activistas han comenzado a impugnar esta identificación. Al principio, algunos simplemente descartaron el guion de mexicano-americano (mexicoamericano/mexicano) y rompieron simbólicamente con la tradición norteamericanizante. Otros trataron de identificarse con un nombre elegido por ellos mismos. Eligieron el término chicano, que a menudo se había empleado para designar a los mexicanos de clase baja. Aún cuando tenía connotaciones negativas para la clase media, los activistas lo consideraron un símbolo de resistencia y lo aceptaron porque planteaba una exigencia de autodeterminación. A mi juicio, ese identificarse a sí mismos es un paso necesario en el proceso de toma de consciencia, mediante el cual los chicanos pueden liberarse colectivamente.

      En este trabajo empleo a menudo los términos mexicano y chicano indistintamente. Uso mas frecuentemente el término mexicano en la primera parte del libro, reconociendo así el hecho de que los mexicanos del siglo XIX eran un pueblo conquistado. En la segunda parte, que trata del siglo XX y de la cambiante situación en Estados Unidos, el término chicano es utilizado para distinguir a los mexicanos que viven al norte de la frontera de aquellos residentes en México.

      El núcleo de la tesis de esta monografía es mi argumento de que la conquista del suroeste creó una situación colonial en el sentido tradicional: el territorio y la población mexicanos fueron controlados por unos Estados Unidos imperialistas. Más aún, sostengo que esta colonización –con algunas variaciones– existe todavía actualmente. Así, me refiero a la colonia, inicialmente, en el sentido tradicional del término, y más tarde (tomando en cuenta las variaciones’) como a una colonia interna.

      Desde la perspectiva chicana resulta obvio que estos dos tipos de colonias son una realidad. Sin embargo, en discusiones con amigos no chicanos, he encontrado considerable resistencia a esta idea. En efecto, incluso colegas que simpatizan con la causa chicana niegan que los chicanos sean –o hayan sido– colonizados. Admiten la explotación y discriminación, pero añaden que esta ha sido la experiencia de la mayor parte de los “americanos”: especialmente de los inmigrantes europeos y asiáticos, y de los americanos negros. Si bien estoy de acuerdo en que la explotación y el racismo han convertido en sus víctimas, a muchos grupos marginales de Estados Unidos, esto no borra la realidad de la relación colonial entre los privilegiados angloamericanos y los chicanos.

      Yo creo que el paralelo entre la experiencia chicana en Estados Unidos y la colonización de otros pueblos del sur global es demasiado parecido para ser desdeñado. La definición de colonización se ajusta a las siguientes condiciones:

      1. El territorio de un pueblo es invadido por gente de otro país, que posteriormente emplea la fuerza de las armas para obtener y conservar el control.

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