Название: E-Pack HQN Victoria Dahl 1
Автор: Victoria Dahl
Издательство: Bookwire
Жанр: Языкознание
Серия: Pack
isbn: 9788413756462
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—Creo que has dicho que era «Cameron».
—Ah, Cameron. Solo es un tipo de Denver.
—¿Un ex?
—¿Eh? No, no. Claro que no. ¿Por qué?
—No, por nada.
Más secretos. Perfecto.
—Bueno, entonces, ¿leche y azúcar?
Molly se movía por la cocina con despreocupación, completamente cómoda vestida con casi nada delante de él. ¿Quién era aquella chica a la que conocía de toda la vida? Aquella chica con secretos y con… pezones.
—Sí —dijo él—. Con leche y azúcar.
Ella le lanzó una sonrisa por encima del hombro mientras servía el café.
—Un hombre de verdad, ¿eh? Lo suficientemente seguro de sí mismo como para tomar un café de chica. Estoy impresionada.
—¿Un café de chica? Vaya. Gracias, Molly.
—He dicho que estaba impresionada.
—Sí.
Le dio la taza y después se apoyó en la encimera, agarrando la suya con ambas manos. Ben se dio cuenta de que le pasaba la mirada por el cuerpo, deteniéndose en su pecho y en su boca. Y él se fijó en sus muslos dorados y esbeltos, y totalmente prohibidos, ¿y qué demonios estaba haciendo allí?
Cerró los ojos y se llevó la taza a los labios.
—Bueno… —dijo ella—. En cuanto a aquella noche…
El café explotó en su garganta, quemándolo y ahogándolo. Ben estornudó y tosió hasta que pudo respirar de nuevo. Después abrió los ojos y oyó claramente su maravillosa risa.
—¿Estás bien? —le preguntó Molly entre jadeos.
—Lo has hecho a propósito.
—¿El qué?
Ben dejó la taza en la encimera de golpe.
—Será mejor que me marche.
—Hace diez años, Ben. Solo quería disculparme. Nunca debería haber entrado de ese modo, y mucho menos haber mirado.
Él se quedó inmovilizado en el acto de darse la vuelta. Se le contrajeron los músculos y el estómago de espanto.
—¿Disculpa?
—No sabía que tenías… eh… compañía. Y entonces, yo…
—¿Qué quieres decir con eso de que miraste?
—Oh… bueno…
—No. Yo miré hacia arriba y tú estabas junto a la puerta. Acababas de llegar.
—Sí, bueno… tal vez pasaran unos segundos mientras yo entré y tú te diste cuenta de que había entrado. Estabas un poco distraído con aquella rubia. Ella estaba…
—Sé lo que estaba haciendo. Por el amor de Dios, Molly.
—Bueno… De todos modos, solo quería decir que, si te hice pasar vergüenza, lo siento.
¿Vergüenza? Fue una tortura. Mortificación. Culpabilidad. El hecho de saber que había corrompido a una niña. El completo asombro de sus ojos cuando él la había visto. Ella estaba tapándose la boca con ambas manos. El interminable momento en que sus músculos se habían negado a reaccionar, en que había intentado detener las ávidas atenciones de la chica de su cita. Ben no había vuelto a poder disfrutar de una felación durante los dos años siguientes.
Y ahora, Molly le confesaba que había estado allí, mirando, durante… ¿cuánto tiempo?
—Oh, Dios —murmuró, poniéndose la mano en la frente—. Solo eras una niña.
—Eh… No, en realidad no. Yo perdí la virginidad esa noche, y cumplí dieciocho años una semana más tarde. Y después vino la universidad.
—¡Ya basta! —exclamó Ben, y se tapó los oídos con las manos—. ¡Oh, Dios mío!
Oyó la risa amortiguada de Molly.
—Ben, ¿qué te pasa?
Se imaginó a sí mismo. Estaba en la cocina de Molly Jennings, con los ojos cerrados y las manos en las orejas. Ben hizo acopio de dignidad y bajó los brazos. Después, exhaló un suspiro.
—Eras como una hermana pequeña para mí. Fue muy inquietante.
—Oh, a mí también me inquietó —dijo ella, y sonrió—.
Pero si te sirve de consuelo, tú nunca fuiste como un hermano para mí, Ben Lawson.
—Yo…
Ella se inclinó hacia él y se quedó a pocos centímetros de distancia. Ben percibió el olor a café, y a algo suave y dulce. Su champú, o su crema, o algo femenino. Los labios de Molly eran rosados, y sus ojos, como un imán.
—Y, claramente, fuiste mucho menos como un hermano para mí después de aquella noche.
—Molly… —Dios Santo—. Supongo que solo te vas a quedar para el invierno, ¿no?
Ella retrocedió con el ceño fruncido.
—No, ¿por qué?
—No, por nada. Tengo que marcharme. Consíguete un coche de verdad y revisa el tiro antes de encender la chimenea. Adiós.
—¡Gracias, oficial! —dijo ella, mientras él salía rápidamente hacia la puerta.
El aire frío le abofeteó la cara y lo devolvió a la realidad en cuanto puso un pie en la calle. Ben cerró de un portazo y se detuvo. Giró los hombros y apretó la mandíbula.
Sí, Molly se había convertido en una mujer despampanante, pero seguía siendo algo prohibido. Nada había cambiado. Nada.
Casi había llegado a su furgoneta cuando apareció un pickup blanco por el oeste. Ralentizó la marcha y casi se paró ante el vehículo de Ben. A través de la ventanilla, él vio la cara arrugada de Miles Webster, el dueño del periódico del pueblo, que salía cada dos semanas, que estaba observando con curiosidad la escena.
—Mierda —susurró Ben.
Miró a los ojos a Miles, con cuidado de no mostrar nerviosismo ni culpabilidad. «No tienes nada contra mí, viejo», le transmitió con la mirada. Entonces, los ojos del hombre cambiaron de dirección, y Ben la siguió, volviéndose hacia la casa de Molly.
Ella estaba en el hueco de la puerta, saludando, con la luz de la mañana reflejándose en sus piernas.
—Oh, СКАЧАТЬ