Название: Sí sé por qué: Novela
Автор: Felipe Trigo
Издательство: Bookwire
Жанр: Языкознание
isbn: 4057664156747
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A la tertulia singular de calma y abandono; á la tertulia sin tertulia. Todos arriba se recogen al baile del salón, y esta niña y esta madre y estos curas bondadosos prefieren la fiesta de callada paz de las estrellas. Raramente hablan. La limpieza de sus almas predispuestas á la amplia comunión con los espacios, redímelos de esa mezquina necesidad social que se llama la conversación, tramada siempre de envidias y ruindades. Saber hablar constituye sin duda un don preeminentísimo; pero lo constituye todavía más alto el saber callar.
Por eso, antes quizá que por el temor á importunarlas demasiadamente, no estoy á todas horas junto á ellas; desconfío de que yo sepa callar en el grado de prudencia necesario; dudo en mí de esta superioridad de hombre, que es casi de Dios; por no permanecer mudo, pensando así pecar de descortés, le diría á Rocío... que me parece de arcángel su belleza, que admiro su exquisita sensibilidad, sus gustos infantiles, su talento—ó lo que es igual, diríala cortesísimas sandeces. Fuérzome, pues, á la violencia del silencio, que no es violencia en los demás, y de tan exagerado mi temor, llego á ignorar si él constituye un mérito ó, al revés, un defecto que subraya más el locuacísimo Lambea cada vez que llega á la «tertulia sin tertulia». Entonces cambia todo de improviso: trae constantemente algo que contar, algo que comentar y discutir..., y quién sabe si á Rocío yo no le resulto aburrido demás en el contraste.
El silencio de ella, en verdad, discreto colmo de su inglesa educación, no parece presuponer indiferencia á lo que sepa hacerla oir cualquiera amenamente: lo noto en cómo escucha al P. Ranelahg si éste explícale á la madre algún misterio del libro de oraciones; asimismo lo advertí ayer con motivo de una discusión entre los Padres y Lambea: versó sobre el crimen de Roma—tema eterno y testarudo del vapor, por lo mismo que á nadie nos importa, y traído también á la espiritualidad de esta reunión por el simpático marino—; él se ha hecho un argumento de fortuna contra la creencia general de que no será aprehendida la condesa, y lo repite en todas partes: «La Montsalvato, con la atención fija del mundo entero, con sus fotografías reproducidas por millones y millones de periódicos, con su espléndida beldad de reina llamativa, encuéntrese donde se encuentre, en París, en Londres, en un barco hacia Nueva York por mitad del Océano, no se escapará, no podrá escaparse». Lambea cree que antes del final de nuestro viaje la sabremos detenida; y á la objeción del P. Ranelahg, robustecida por el otro Padre y por Leopolda, relativa á que justamente el convencimiento que tendrá la criminal de no poder pasar inadvertida la hará ocultarse en el fondo de la tierra, Lambea, lógico, replica y prueba que no, que lo de «ocultarse» se dice mejor que se efectúa..., puesto que no se trata de un agujero del campo ó de una peña donde nadie, y menos una hermosísima mujer, haya de vivir como una loba...
¡Ah, sí, qué aguda atención infantil la de Rocío!... Seguí las emociones de su cara, intensas, hondas, que la crispaban á veces de vibraciones de terror..., y no sé si porque me daba enojo el no acertar nunca de tal modo á entretenerla, ó porque me diese pena, pena, ver su alma estremecida con tales infamias, sufrí escuchando al charlatán.
Claro es que he confirmado que á Rocío no la interesa el crimen sino por la absorción que pudiese igual ocasionarla un relato de ladrones ó de brujas... Sin embargo, en el caso de su madre, aficionaríala á otras lecturas.
¡Bah!... Incluso sin estar en el caso de la madre, me faltó nada para rogarle á Lambea que no volviese á hablar del crimen ante ella... Y hubiera sido insigne indiscreción... esa indiscreción que mi afán de ser discreto teme á cada instante: en primer lugar, por mi horror á que nadie crea, ni yo mismo, que pueda estar enamorado de esa niña; y luego, porque habría de resultar extrañamente necio que le marcase vallas de delicadeza al delicadísimo marino á quien le debo el bien de su amistad.
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